Cómo actuar ante una riada en las vías circulatorias

En Seguridad Vial por adminDeje un Comentario

Durante el período otoñal diversas partes de la geografía española, principalmente ubicadas en las zonas del Mediterráneo y del Sur  de la Península, están sufriendo el azote de la naturaleza a través de cuantiosas lluvias torrenciales. Es lo que se conoce coloquialmente como la “gota fría”, que en muchas ocasiones por desgracia, se convierte en descomunales inundaciones y desbordamientos de los cauces de los ríos, lo que ocasiona inmensas pérdidas materiales y lo más lamentable: desgracias humanas.

  • Consultar las previsiones meteorológicas

La primera medida que recomendamos desde Castillo Grupo, es evitar carreteras o zonas urbanas que presuntamente puedan anegarse, ante la posible llegada de una fuerte borrasca. Para ello, consultaremos a través de cauces institucionales (lo más fiable), las condiciones del tiempo y sortearemos la conducción por aquellos lugares en que las previsiones sean desfavorables.

Si por distintas causas tenemos que trasladarnos lo efectuaremos por vías preferentes y declinaremos las rutas locales, senderos, atajos, pistas forestales, veredas y sobre todo itinerarios que se encuentren comprimidos entre dos vertientes más o menos montañosas, a pesar que los torrentes que desembocan en ellos, habitualmente se encuentren secos.

  • Época peligrosa

Aunque esto no es completamente fiable al cien por cien, lo ordinario es que los aguaceros tempestuosos y desmedidos se produzcan durante la estación otoñal en la vertiente mediterránea. Pero lo cierto, es que se pueden desencadenar en cualquier otro punto geográfico, como desdichadamente hemos podido comprobar durante los últimos días en las comunidades de Andalucía y Baleares entre las más relevantes, por lo daños humanos y materiales causados en ellas.

  • Carretera inundada de manera repentina

Si nos encontramos con esta situación inesperada en que el agua ha invadido la calle o la carretera, es mejor no atravesarla, pues si alcanza aproximadamente unos sesenta centímetros (depende del vehículo), podemos ser arrastrados con la pérdida de control que ello supone. Es cierto que los todoterrenos son más pesados, con mayor altura de los bajos y  tracción a las cuatro ruedas, por lo que soportan mayor profundidad. A pesar de ello, sus amplios neumáticos impulsan más agua, por lo que están sometidos a un mayor empuje vertical y amplia flotabilidad. Ello es debido a la teoría de Arquímedes, al igual que sucede con los barcos que pesan cientos de toneladas y flotan sin dificultad.

Por ejemplo: mientras una rueda de cuarenta centímetros de ancho recepta un empuje de flotación de setecientos veinticuatro kilogramos, éste será de mil ciento dos kilogramos si es diez centímetros más ancha.

  • La confianza de frecuentar el área inundada

Ni tan siquiera si conocemos el terreno, pues éste puede haber cambiado y existir lodo en el fondo, ramas o diversos objetos al ser impulsados por las aguas enturbiadas, debemos cruzarlo. El nivel que percibimos en los márgenes influye en la tergiversación del contexto, ya que en el centro de la vertiente se ha podido originar el acarreo de los componentes del lecho y ser mucho más hondo de lo que aparenta.

  • La mejor solución: salir del vehículo de inmediato

Según las investigaciones realizadas por el Departamento de Comunicación de Castillo Grupo, hemos podido aseverar que más de la mitad de los damnificados  en este tipo de situaciones, perecieron en el interior del vehículo ante la desacertada decisión de permanecer en el mismo. Evidentemente no todos reaccionamos igual ante la misma adversidad. Por ello, debemos evitar: la falsa sensación de seguridad de quedarse dentro, la paralización causada por el miedo o la incertidumbre de no saber qué decisión tomar.

  • Consejos fundamentales

-Estar calmados, tener la cabeza fría, sin ofuscarse y evitar la paralización.

-Nuestro objetivo principal: salir del vehículo sin dudarlo.

  • Si el agua nos arrastra

Si no hemos abandonado el vehículo a tiempo y el calado del agua sobrepasa los referidos sesenta centímetros, tenemos un problema, es posible que estemos siendo arrastrados por la corriente producida por la crecida del agua. Asimismo, cabe la posibilidad que ya no podamos abrir la puerta, lo intentaremos con las ventanillas pero es previsible que ya no reciban fluido eléctrico, si la ventanilla es manual será mucho más sencillo bajarla. El recurso que nos queda es romper los cristales con un objeto punzante que tengamos a mano. Castillo Grupo, recomienda tener siempre en el coche un martillo con punta de acero (similares a los utilizados en los autobuses), con una pequeña inversión económica podemos salvar muchas vidas.

Si lo intentamos con las lunas delanteras o traseras haremos fuerza con los pies apoyándonos en el asiento, es importante subrayar que al ser laminadas no se rompen sino que se desencajan. Tema que abordamos en un post anterior:  Lunas de Vehículos, Tecnología Fusionada con Seguridad

DGT: Actuar ante una riada

  • Vehículo demasiado hundido

Si el coche está muy sumergido y no hemos conseguido romper las lunas, esperaremos a que se llene por completo, para que se iguale la presión con el exterior y poder abrir la puerta. En este supuesto, en la parte superior se creará una bolsa de aire de la que podemos respirar antes de salir a la superficie. Evidentemente, es el último recurso, lo conveniente es no esperar tanto e intentar romper los cristales cuanto antes.

  • Una vez fuera del vehículo

Abandonaremos el coche por la zona contraria a la corriente, nos subiremos encima del coche y valoraremos las opciones hacia dónde dirigirnos, nadaremos siempre a favor de la corriente, con los pies por delante para proteger la cabeza, con la intención de buscar un punto seguro lo más orillado posible.

-Una de las principales prioridades de Castillo Grupo es velar por sus clientes y amigos, por ello aportamos estos consejos para solventar cualquier revés que nos pueda surgir al volante.

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